Cuál usar para el pronóstico de cabecera y cuál para priorizar el trasplante hepático.
En la cirrosis hepática conviven dos escalas: Child-Pugh y MELD. Las dos miden gravedad, pero se usan para cosas distintas.
Combina cinco parámetros (bilirrubina, albúmina, INR o tiempo de protrombina, ascitis y encefalopatía) en tres clases: A, B y C. Una regla útil es «BATEA». Es fácil de calcular y estima el pronóstico, pero incluye dos datos algo subjetivos: la ascitis y la encefalopatía.
Usa solo tres datos de laboratorio (bilirrubina, INR y creatinina), todos objetivos. Predice la mortalidad a corto plazo y es la base para priorizar la lista de trasplante hepático.
Child-Pugh da clases A/B/C e incluye datos subjetivos; MELD da un número, solo con analítica, y sirve para priorizar el trasplante. Si te preguntan por la asignación de órganos, la respuesta es MELD.
Las dos se siguen usando: Child-Pugh para una valoración rápida y el MELD (y variantes como el MELD-Na) para las decisiones de trasplante.
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