Un método para que las escalas dejen de ser listas que se olvidan.
Las escalas son uno de los temas más rentables del MIR: aparecen año tras año y, bien estudiadas, son puntos casi asegurados. El problema es que mucha gente las afronta como listas de criterios que se memorizan la víspera y se olvidan a la semana. Hay una forma mejor.
Antes de aprenderte los puntos, pregúntate tres cosas de cada escala: qué mide, cuál es la decisión que cambia según el resultado y cuáles son los puntos de corte clave. Si sabes que el qSOFA es una alarma de sepsis, que un Glasgow de 8 marca la intubación o que un CHA₂DS₂-VASc alto significa anticoagular, los criterios concretos se sostienen sobre una idea, y eso se olvida mucho menos.
Muchas escalas se confunden entre sí, y el MIR lo aprovecha. Conviene estudiarlas en parejas o tríos: Norton y Braden (úlceras por presión, las dos al revés: menos puntos, más riesgo), Fontaine y Rutherford (arteriopatía periférica) o Apgar y Silverman (recién nacido, cada una en una dirección). Tener clara la diferencia vale más que saberse cada una por separado.
Un error clásico es equivocar el sentido. En el Mini-Mental, más puntos es mejor; en el Pfeiffer se cuentan los errores, así que más puntos es peor. En el Apgar, más es mejor; en el Silverman, más es peor. Escribir esa "dirección" junto al nombre evita fallos tontos el día del examen.
La diferencia entre reconocer una escala y dominarla es haberla calculado tú con casos. Leer "CURB-65: confusión, urea, respiratoria…" no es lo mismo que coger un caso, sacar la puntuación y decidir si ingresas al paciente. Calcular fija el conocimiento mucho mejor que releer; para eso está el modo de práctica de esta app.
Las reglas (MANTRELS, BATEA, CURB-65…) ayudan a recuperar la lista, pero solo si ya entiendes lo que hay detrás. Úsalas como gancho de memoria, no como sustituto de comprender la escala.
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