Barthel, Lawton, SPPB y compañía, puestas en orden.
La valoración del anciano usa muchas escalas y es fácil perderse. La clave está en saber qué mide cada una y en qué orden se pierden las capacidades.
El Índice de Barthel y el de Katz valoran las actividades básicas de la vida diaria: comer, asearse, vestirse, moverse. Son las funciones más elementales y las últimas en perderse. El Barthel da una puntuación de 0 a 100; el Katz, una letra de la A a la G.
La escala de Lawton mide las actividades instrumentales: cocinar, comprar, manejar el dinero o la medicación, usar el transporte. Son tareas más complejas que se pierden antes que las básicas, así que el Lawton detecta el deterioro de forma más precoz.
La SPPB mide el rendimiento de las piernas (equilibrio, velocidad de la marcha y levantarse de una silla) y es una de las mejores para detectar fragilidad. La escala de Tinetti valora la marcha y el equilibrio para estimar el riesgo de caídas.
El cuadro se completa con el Pfeiffer o el Mini-Mental (cognición), el Yesavage (depresión), el MNA (nutrición) y el Norton o el Braden (riesgo de úlceras por presión).
Las funciones se pierden en un orden: primero lo instrumental (Lawton) y luego lo básico (Barthel/Katz). Por eso, ante un anciano que aún es independiente para lo básico pero ya falla en lo instrumental, conviene encender la alarma: es deterioro precoz.
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