Las dudas más habituales sobre las escalas clínicas y cómo prepararlas para el MIR.
Una escala clínica es una herramienta que convierte datos del paciente (síntomas, signos, análisis) en un número o una categoría, para valorar la gravedad, el pronóstico o el riesgo de forma objetiva y comparable. En el MIR caen mucho porque permiten preguntar de forma muy concreta: te dan un caso y tienes que calcular o interpretar la puntuación.
Un Glasgow de 8 indica un paciente en coma. Es el punto de corte clásico que obliga a plantear la intubación, porque por debajo de 8 el paciente suele ser incapaz de proteger su vía aérea. Conviene anotarlo siempre desglosado (ocular, verbal, motor).
Como regla general, se recomienda anticoagular con una puntuación de 1 o más en hombres y de 2 o más en mujeres. Una puntuación de 0 en el hombre (o de 1 en la mujer, debida solo al sexo) se considera riesgo bajo. La decisión final se equilibra con el riesgo de sangrado (HAS-BLED).
Son la misma idea, pero el CRB-65 quita la «U» de urea. Eso lo hace ideal para atención primaria o el domicilio, donde no hay análisis inmediato: se calcula solo con la confusión, la frecuencia respiratoria, la tensión y la edad.
No. El qSOFA es una alarma precoz: detecta a quién hay que vigilar y estudiar, pero ni diagnostica ni descarta la sepsis. Un qSOFA bajo con clínica preocupante no debe tranquilizarte.
El Barthel mide las actividades básicas (comer, asearse, vestirse, moverse) y el Lawton las instrumentales, más complejas (cocinar, comprar, manejar el dinero o la medicación). Lo instrumental se pierde antes, así que el Lawton detecta el deterioro de forma más precoz.
Porque el MELD es totalmente objetivo: se calcula solo con tres análisis (bilirrubina, INR y creatinina). El Child-Pugh incluye datos algo subjetivos, como la ascitis o la encefalopatía, que pueden variar según quién explore. Para repartir órganos hace falta el criterio más reproducible posible.
No necesariamente. El Apgar describe el estado y la respuesta del recién nacido en ese momento, pero un Apgar bajo aislado no equivale a asfixia ni predice por sí solo el pronóstico neurológico. Importa mucho más su evolución del minuto a los cinco minutos.
Las dos gradúan la enfermedad arterial periférica de las piernas; describen lo mismo con distinto nivel de detalle. Fontaine usa cuatro estadios (I a IV) y Rutherford siete categorías (0 a 6). La claudicación, el dolor en reposo y las lesiones tróficas se corresponden entre ambas.
Ambas estiman el riesgo de úlceras por presión y comparten una particularidad contraintuitiva: a menor puntuación, mayor riesgo. La de Braden tiene la ventaja de analizar las causas (humedad, nutrición, roce), lo que ayuda a decidir qué medida preventiva aplicar.
No, y conviene no mezclarlos. El Apgar valora el estado general del recién nacido y más puntos es mejor. El Silverman valora la dificultad respiratoria y funciona al revés: más puntos es peor.
Más que memorizar puntos sueltos, ayuda entender qué mide cada escala, sus puntos de corte clave y la decisión que cambia (ingresar, anticoagular, operar). Después, practicar con casos: calcular la puntuación tú mismo fija mucho más que leerla. Para eso está el modo de práctica de MIROTECA.
No. Es una herramienta educativa para preparar el MIR. Las escalas orientan, pero ninguna sustituye la valoración individual del paciente ni las guías clínicas oficiales.