Clasifica la gravedad de la enfermedad arterial periférica por síntomas (estadios I a IV).
La clasificación de Fontaine describe en qué fase está la enfermedad arterial periférica de los miembros inferiores (la mala circulación por las arterias de las piernas), según los síntomas. Ayuda a entender la gravedad y a decidir el tratamiento.
Se basa en los síntomas: ausencia de ellos, claudicación intermitente (dolor al caminar), dolor en reposo y lesiones tróficas (úlceras o gangrena).
Se asigna un estadio:
| Estadio | Clínica |
|---|---|
| I | Asintomático (con enfermedad demostrable) |
| IIa | Claudicación intermitente leve (> 200 m) |
| IIb | Claudicación intermitente moderada-grave (< 200 m) |
| III | Dolor isquémico en reposo |
| IV | Úlcera o gangrena (pérdida de tejido) |
Los estadios III y IV constituyen la isquemia crítica de la extremidad (amenaza de pérdida del miembro). Equivale a las categorías de Rutherford.
Estadios I–II = enfermedad más leve, manejo conservador y factores de riesgo.
Estadios III–IV = isquemia crítica, riesgo de pérdida de la extremidad: requiere valoración urgente para revascularizar.
Paciente que nota dolor en la pantorrilla al caminar menos de 200 metros y que cede al pararse: es un Fontaine IIb (claudicación intermitente a corta distancia).
Equivale a la clasificación de Rutherford (otra forma de graduar lo mismo). Los estadios III y IV son la llamada isquemia crítica, que amenaza la viabilidad de la pierna.
Confundir el dolor de la claudicación (aparece con el esfuerzo, estadio II) con el dolor en reposo (estadio III, ya isquemia crítica). Y pasar por alto que los estadios III y IV requieren valoración urgente para revascularizar.
Fontaine R et al. Helvetica Chirurgica Acta, 1954.
La clasificación de Fontaine describe la fase de la enfermedad arterial periférica de las piernas por los síntomas: I (asintomático), II (claudicación intermitente, IIa >200 m y IIb <200 m), III (dolor de reposo) y IV (úlceras o gangrena).
Lo que pregunta el MIR es el salto entre claudicación (I-II) e isquemia crítica (III-IV): la primera se maneja de forma conservadora (control estricto de factores de riesgo, antiagregación, estatinas y, sobre todo, ejercicio supervisado y dejar de fumar), mientras que la isquemia crítica supone riesgo de pérdida de la extremidad y obliga a valorar revascularización urgente. Es equivalente a la clasificación de Rutherford (con más escalones) y se apoya en el índice tobillo-brazo (ITB <0,9 confirma la enfermedad; >1,4 sugiere calcificación, típica del diabético). Recuerda que la arteriopatía periférica es un marcador de riesgo cardiovascular global: estos pacientes mueren más por infarto o ictus que por la propia pierna.