Gradúa la enfermedad arterial periférica con más detalle (categorías 0 a 6).
La clasificación de Rutherford describe la gravedad de la enfermedad arterial periférica de las piernas, igual que la de Fontaine pero con más escalones. Se usa sobre todo en cirugía vascular para precisar mejor la situación.
Se basa en los síntomas y en datos objetivos de la circulación, desde la ausencia de síntomas hasta la pérdida importante de tejido.
Se asigna una categoría:
| Grado | Categoría | Clínica |
|---|---|---|
| 0 | 0 | Asintomático |
| I | 1 | Claudicación leve |
| 2 | Claudicación moderada | |
| 3 | Claudicación grave | |
| II | 4 | Dolor isquémico en reposo |
| III | 5 | Pérdida tisular menor (úlcera) |
| 6 | Pérdida tisular mayor (gangrena) |
Equivalencias con Fontaine: cat 1-3 ↔ IIa/IIb · cat 4 ↔ III · cat 5-6 ↔ IV. Categorías 4-6 = isquemia crítica.
Categorías 0–3 = enfermedad estable / claudicación.
Categorías 4–6 = isquemia crítica, con riesgo para la extremidad.
Paciente con una pequeña úlcera que no cura en un dedo del pie por mala circulación arterial: es una categoría 5 de Rutherford (pérdida tisular menor), ya dentro de la isquemia crítica.
Es equivalente a Fontaine pero más detallada: categorías 1–3 corresponden a la claudicación (Fontaine II), la 4 al dolor de reposo (Fontaine III) y las 5–6 a las lesiones tróficas (Fontaine IV).
Mezclar las categorías de Rutherford con los estadios de Fontaine sin tener clara la equivalencia. Y subestimar una úlcera «pequeña»: a partir de la categoría 4 ya hablamos de isquemia crítica.
Rutherford RB et al. Journal of Vascular Surgery, 1997.
La clasificación de Rutherford gradúa la gravedad de la enfermedad arterial periférica de las piernas, igual que la de Fontaine pero con más escalones (categorías 0-6). Se usa sobre todo en cirugía vascular.
Lo que pregunta el MIR es la equivalencia con Fontaine y el concepto de isquemia crítica: las categorías 0-3 corresponden a la claudicación (Fontaine I-II), y las 4-6, a la isquemia crítica (Fontaine III-IV): dolor de reposo (categoría 4) y úlceras o gangrena (5-6), con riesgo para la extremidad. La consecuencia práctica es que la claudicación estable se maneja con tratamiento médico (control de factores de riesgo, antiagregación, estatinas y, sobre todo, ejercicio supervisado y dejar de fumar), mientras que la isquemia crítica obliga a plantear revascularización (endovascular o quirúrgica) para salvar la pierna. El diagnóstico se apoya en el índice tobillo-brazo (ITB <0,9).