Asocia lesiones de la piel (acné, pustulosis) con afectación osteoarticular.
Para qué sirve
El síndrome SAPHO une manifestaciones cutáneas y osteoarticulares; su acrónimo recoge sus cinco componentes.
Claves para el MIR
SAPHO = Sinovitis, Acné, Pustulosis (palmoplantar), Hiperostosis y Osteítis. Asocia lesiones de piel (acné grave, pustulosis) con afectación inflamatoria del hueso y las articulaciones, sobre todo de la pared torácica anterior. Pertenece al espectro de las espondiloartropatías.
Afecta de forma típica a la pared torácica anterior.
Se relaciona con las espondiloartropatías seronegativas.
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Piel y hueso a la vez
La idea que hay que retener es que el SAPHO une la piel con el hueso: combina lesiones cutáneas (acné grave, pustulosis palmoplantar) con inflamación osteoarticular. Cuando el enunciado mezcla ambos mundos, piensa en SAPHO.
Claves para reconocerlo
El acrónimo reúne sus cinco componentes: Sinovitis, Acné, Pustulosis palmoplantar, Hiperostosis y Osteítis.
La localización más típica es la pared torácica anterior (esternón, clavículas y articulaciones esternocostales).
Pertenece al espectro de las espondiloartropatías seronegativas, así que puede asociar afectación axial.
Cómo se enfoca: es un diagnóstico clínico-radiológico (la gammagrafía ósea muestra un patrón «en cabeza de toro» en la pared torácica), con factor reumatoide negativo. El tratamiento empieza por AINE y, según la gravedad, bifosfonatos o fármacos de las espondiloartritis. Aunque es raro, cae en el MIR precisamente por esa combinación llamativa de piel y hueso que no encaja en una sola especialidad. En el diagnóstico diferencial conviene descartar una osteomielitis infecciosa (aquí los cultivos son negativos) y, en el niño, la osteomielitis crónica multifocal recurrente, considerada la forma pediátrica del mismo espectro.